PESQUERÍAS, SOBREPESCA Y PESCA ILEGAL, futuro comprometido. (2 de 3)

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6 JUL

Los 10 primeros países en cuanto a volumen de producción pesquera fueron en orden; la República Popular China (excluyendo a Hong Kong y Taiwán), Perú, Japón, los Estados Unidos, Chile, Indonesia, Rusia, India, Tailandia, Noruega, Dinamarca e Islandia, englobando más de la mitad de las pesquerías por extracción global. Un tercio de esta producción es capturada por la flota pesquera China.

El restante 46% de la producción pesquera corresponde a la acuicultura que alcanzo un poco más 82,1 millones de toneladas para 2018. Acuicultura se define como la cría o levantamiento de peces de aleta, moluscos, crustáceos o vegetación acuática, en espacios controlados con fines comerciales. [3,6]

La acuicultura global ha venido incrementando su producción en las últimas décadas; de 14.4 millones de toneladas, representando solo un 11,46% de la producción pesquera global en promedio anual para el periodo 1996-2005, hasta alcanzar este 46% para 2018. Mientras que las pesquerías por captura se han mantenido más bien estables con una producción de 91 millones de toneladas promedio año, en este mismo periodo de tiempo. [3]

El crecimiento sostenido de la población humana es de un 1,6% promedio anual en las últimas décadas, lo que supone una mayor demanda de recursos pesqueros, este incremento no esta siendo suplido por las pesquerías de extracción, que no se pueden incrementar ya que los stocks pesqueros se encuentran a su máximo nivel de producción sostenible o agotados.

Según la FAO (2020), el 65,8% de las pesquerías globales están en su nivel máximo de producción sostenible y el 34,2% están sobreexplotadas a niveles biológicamente insostenibles y aseguran que “La acuicultura será la única manera de hacer frente a la cada vez mayor demanda de pescado” (FAO, 2018). Por lo que esta actividad económica ha duplicado la producción pesquera global para suplir las necesidades del mercado. [3,4,5,6]

La acuicultura fue vista, en un momento, como la posible solución para bajar la presión sobre los stocks pesqueros naturales, pero la creciente demanda, el hecho de que el pescado cultivado, salvo una pocas excepciones, no sustituye al de captura en los principales mercados mundiales, esto debido a la baja aceptación por parte de los consumidores y las estrategias de mercado de los  principales países productores, lo que lleva a mayores precios por el pescado de captura, que incentiva “un mayor esfuerzo pesquero, incrementando la probabilidad de sobrepesca”. [4,6]

Por otra parte, la acuicultura es un negocio que a nivel global produjo 106.500 millones de USD en 2018 y empleó a 20,73 millones de personas, de las cuales el 19% fueron mujeres (FAO, 2020). Esta inmensa actividad económica ha generado a lo largo de su historia una, también inmensa, cantidad de problemas ambientales por practicas insostenibles en su operación a nivel global. [4]

Las pesquerías han ido siendo reguladas para asegurar la sostenibilidad de los stocks pesqueros, estas necesarias limitaciones han generado gran demanda en el mercado negro o ilegal. La pesca ilegal se refiere a las pesquerías realizadas al margen de las regulaciones globales y locales para realizar la actividad pesquera, principalmente esta asociada a la pesca de especies protegidas, en tallas restringidas, en tiempos y lugares prohibidos, usando artes de pesca no autorizadas o sobrepasando los límites de cantidades permitidas. [8]

Se estima que la pesca ilegal puede generar unos 23 mil millones de USD anuales, convirtiéndola en el tercer negocio ilegal más lucrativo a nivel global después de las drogas y Armas. Y representa un verdadero problema, por las cuantiosas pérdidas que genera a los países costeros y la gran dificultada para poder controlarla. [8,9]